Vista de Gibralfaro, Coracha y Alcazaba

Comenzamos la ruta desde la placita situada junto a la Capilla del Puerto. Desde aquí podemos ver los tres elementos que componen la parte central del escudo: La Alcazaba, La Coracha, el castillo de Gibralfaro y el mar Mediterráneo a sus pies. Estos elementos forman parte del escudo desde su creación, están presente en la Real Cédula de los Reyes Católicos emitida el 30 de agosto de 1494.

Esta es vista que tenían las personas que llegaban a Malaga ya que durante siglos el puerto ha sido la principal vía de acceso y salida de la ciudad.

Gibralfaro

El nombre Gibralfaro proviene del árabe “Yabal-Faruh”, que significa “monte del faro”. Ya en época fenicia existía en su cima un faro que guiaba a las embarcaciones que se acercaban a la ciudad.

El castillo actual es de época nazarí y fue mandado construir por Yusuf I hacia el año 1340. Su función era claramente defensiva: tras la aparición de la pólvora, se hizo imprescindible controlar la altura del monte para proteger la Alcazaba y evitar ataques desde posiciones elevadas.

El resultado es una de las fortalezas más imponentes de Andalucía. Hoy alberga un centro de interpretación, se puede acceder a él a pie desde la Coracha o Mundo Nuevo, o en en autobús.

La Coracha

La Coracha es un elemento defensivo único en la península ibérica. Se trata de un pasillo fortificado formado por dos muros que conecta la Alcazaba con el Castillo de Gibralfaro, permitiendo el tránsito seguro de tropas entre ambas fortalezas.

Durante la ocupación francesa en la Guerra de la Independencia Española, las tropas napoleónicas dejaron su huella en este lugar. Construyeron una base para artillería desde la que atacaron tanto la Alcazaba como la ciudad. Esa intervención, cuyos restos aún son visibles, alteró la estructura original e impide hoy el paso completo entre ambas fortificaciones.

La Alcazaba.

La Alcazaba, construida en el siglo XI en época andalusí, es una auténtica ciudad fortificada dentro de la propia ciudad. No solo cumplía funciones militares, sino que también era residencia del gobernante, junto a su corte y funcionarios.

En su interior albergaba una pequeña medina con viviendas, palacios, almacenes y sistemas de abastecimiento de agua y alimentos, lo que le permitía resistir largos asedios.

A lo largo de su historia ha pasado por cuatro grandes etapas: su construcción islámica inicial, la conquista cristiana en 1487, un largo periodo de abandono y ocupación popular entre los siglos XVII y XX, y finalmente su recuperación y restauración en el siglo XX.

Gran parte de lo que hoy podemos admirar se debe al trabajo de Juan Temboury, quien dedicó años a la recuperación y puesta en valor del conjunto.


Tras disfrutar de una de las vistas más emblemáticas de Málaga, la ruta nos invita a seguir caminando junto al mar hasta descubrir otro de sus rincones con historia. Muy cerca del puerto se encuentra el Hospital Noble, un edificio lleno de significado que conecta directamente con el carácter solidario de la ciudad. En este punto, el visitante no solo cambia de escenario, sino también de perspectiva: de la defensa y la estrategia pasamos a una historia de ayuda, memoria y humanidad que dejó huella en Málaga y en su escudo.

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